Cuando la multitud hoy muda, resuene como océano.

Louise Michel. 1871

¿Quién eres tú, muchacha sugestiva como el misterio y salvaje como el instinto?

Soy la anarquía


Émile Armand

martes, marzo 17

La enfermedad moral del patriotismo


Jorge Majfud

Natural es todo aquello que inventaron los hombres y las mujeres antes que naciésemos nosotros; toda mentira que no cuestionamos es necesariamente una verdad. Una mentira útil nunca sirve al engañado sino al que engaña. Una mentira útil, un instrumento de la perversión inhumana es el patriotismo.

Por todos lados vemos inflamados discursos patrióticos, actos públicos, guerras y matanzas, ofensas y contraofensas, ceremonias de honor y ritos solemnes impulsados por esa orgullosa y arbitraria discriminación que se llama patriotismo. Claro, no se pueden montar discursos en nombre de los intereses de una clase social, ya que la tradición no es suficiente para sostener un concepto moralmente insignificante y generalmente negativo, como lo es el concepto de «interés». Por lo tanto, se apela a un concepto de larga y bien construida tradición positiva: el patriotismo. Con ello, se niega la división interna de la sociedad afirmando la división externa. La división interna —de clases, de intereses— no desaparece, pero se vuelve invisible y, a la larga, se consolida con la sangre del patriota que no pertenece al reducido círculo de los intereses que la promueven. El patriota muere religiosamente por su patria. Su patria concede medallas a sus padres, a sus hijos, y toda la seguridad a sus «intereses». Así, morir es un honor. El honor no procede de una reflexión moral sino del discurso patriótico, del rito, de los símbolos nacionales, de una virtual trascendencia del individuo en la «salvación» de su patria.

No voy a entrar ahora a analizar el significado de la trágica sustitución de interés real por patriotismo interesado. Simplemente me bastará con anotar que sólo la idea de «patriotismo» es insostenible, desde un punto de vista humano, desde la conciencia de la especie a la que pertenecemos. Es más: el patriotismo no sólo es insostenible para cualquier humanismo, sino que se lo usa para destruir a una humanidad que busca, desesperadamente, su conciencia universal.

El sentimiento patriótico es pasivo y activo, es impulsado por los ritos, por los discursos y por las ceremonias. Pero también es el motor de todas ellas. El patriotismo es la conciencia egoísta de la tribu que le impide la evolución a un estado de conciencia universal: la conciencia humana. El patriotismo es uno de los mitos más consolidados desde los últimos siglos. Por naturaleza, el patriotismo no sólo es la confirmación casi inocente de la pérdida de individualidad en beneficio de un símbolo artificial, creado por la milenaria tendencia humana del dominio de una tribu sobre las otras.

Ahora bien, podemos decir que un país puede ser una región cultural más o menos definida —y siempre imprecisa—; que la idea de país tiene ventajas en la organización administrativa de la vida pública. De acuerdo. Pero el reclamado sentimiento patriótico, mezcla de fanatismo religioso y utilidad secular, antes que nada es la negación de todos los pueblos que no incluyen al patriota. Si soy nacionalista, si soy patriota, estoy dando prioridad moral a un conjunto de hombres y mujeres desconocidas (mis compatriotas) sobre un conjunto más amplio de  desconocidos (la humanidad). Puedo beneficiar a mi familia, a mi ciudad, a mi país en alguna decisión propia. De hecho siempre tendremos tendencia a beneficiar a nuestra familia antes que a la familia del vecino. Pero puedo hacerlo de forma consciente y no valiéndome de una mentira para justificar cualquier acto delictivo de alguno de los integrantes de mi círculo afectivo más próximo. Y el patriotismo es precisamente eso: una condición de irreflexividad. Para ser patriota debo aceptar cierto grado de acrítica —a veces mínimo, a veces obsceno—, pero ese grado, por mínimo que sea, es todo lo que tiene de patriota un individuo. Todo lo demás es lo que tiene de individuo. Esto no niega que alguien pueda sentir «amor» por un lugar concreto, por un país, y que pueda dar la vida en su defensa. Un sentimiento de amor es irrefutable. Pero este «entregar la vida por amor» no significa que la motivación de los hechos no esté motivada en un error, en un engaño. El amor es irrefutable, pero lo que hace el amor sí puede serlo. Y para que ese amor se identifique con la motivación errónea en necesario, además, un fuerte sentimiento patriótico. Para que ese amor nos lleve a la muerte sin el paso previo de una profunda reflexión moral es necesario un código incuestionable, una condición de fanatismo, el anestésico de un rito religioso, el patriotismo. De esta forma, la estrategia más efectiva del patriotismo consiste en identificarse —entre otras cosas— con el amor, es decir, con el altruismo, siendo que su objetivo es, paradójicamente, egoísta. Es decir, en nombre del altruismo, el egoísmo; en nombre de la unión, la discriminación.

No podemos negarlo. Todo patriotismo significa una discriminación, un crédito que extendemos a quienes comparten nuestra nacionalidad y se lo negamos a quienes no la comparten. Ahora, ¿por qué este crédito? Este crédito moral sólo puede tener una función profiláctica, pretende evitar la crítica y el cuestionamiento a quienes poseen el beneficio, la alianza interior. Pero es un crédito injusto, inhumano, discriminatorio, arbitrario.

La reflexión es cuestionamiento, el cuestionamiento es duda, y la duda siempre es un estorbo para los intereses ajenos. Un soldado que piense gasta inútilmente sus energías mentales. Si acaso se niega a ir a una guerra que considera injusta, recibirá todo el peso de la ley, la cárcel, y la lapidaria deshonra de «traidor a la patria». Lo que demuestra, una vez más, que sólo un reducido grupo —con intereses y con poder— puede administrar el significado de lo que es y no es «patriota». Es decir, patriota es alguien que no cuestiona, que no critica. El patriota ideal no piensa.

Yo me reconozco como uruguayo. Reconozco una vaga región cultural llamada Uruguay. Pero de ninguna manera soy patriota. Me niego a ser patriota como me niego a responder a una raza —otra histórica arbitrariedad de la ignorancia humana—. Me niego a inyectarme ese sentimiento militarista. Ser patriota es confirmar la arbitrariedad de haber nacido en un lugar cualquiera de este mundo, negando el mismo derecho que merece un africano o un asiático de merecer mi más profundo respeto, mi más firme defensa como ser humano. Desde niños, las instituciones sociales nos imponen ese sentimiento. Hace varios años uno de mis personajes, en el momento de jurar «dar la vida por su bandera» en su tierna infancia, gritó «no juro», alegando que ese juramento era inválido e inútil, que gracias a ese juramento los asesinos y corruptos podían recibir sus credenciales de ciudadanía igual que cualquier honesto trabajador. Etc. Estoy de acuerdo con mi propio personaje. ¿Por qué debo amar a un desconocido compatriota más que a un desconocido australiano o más que a un desconocido portugués? ¿Por qué habría de entregar mi vida por una región del mundo en desmedro de otra? ¿Por qué el Uruguay habría de ser más sagrado que el Congo o Singapur? ¿Por qué debo considerar a mis compatriotas más hermanos que un argelino o un mexicano? Sí, me siento culturalmente más próximo a otro uruguayo, compartimos una historia, una forma de sentir el mundo, de hablar, de comer. Pero eso no le da prioridad a ningún compatriota mío a ser considerado más ser humano que cualquier otro.

Por todo eso, y por mucho más, no soy patriota. Seré patriota el día que se reconozca como única patria a la humanidad —así, sin discriminaciones.


9 comentarios:

  1. Pues, salvo que suscribo cuanto se dice en este escrito, nada más que añadir.

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  2. Muy bueno tu ensayo, deberían leerlo todos los desatados colectivos e individuos k en Cataluña se denominan anarquistas y nacionalistas sin pudor ni rubor alguno.

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    1. O todos los que apelan al "patriotismo" español para luchar contra el "patriotismo" catalán.

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  3. hola una pregunta un chavon que dice ser punk puso feliz dia de la independencia feliz dia de la patri esta bien???

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    1. Yo no soy quien para decir lo que está "bien" o "mal" dentro de lo que entendemos cada unx por anarquía. Lo único que te puedo decir es que el nacionalismo es un concepto burgués que está orientado a diluir en él diferencias como la clase social dándole prioridad a otras circunstancias como el lugar de nacimiento y a su vez separarnos de otrxs simplemente por haber nacido en otro sitio.
      Salud.

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  4. No comparto la opinión del autor en algunos puntos. El ser humano es un ser social y un animal de grupo; así lo ha querido la evolución y solo así ha sobrevivido. Esa conciencia de grupo ha servido muchas veces para dar consistencia a un determinado sistema social. Es cierto que, con mucha frecuencia, esa relación emocional con el grupo ha sido manipulada por las élites “nacionales” en sus propios intereses, y ha servido de cortina de humo para ocultar las auténticas tensiones (lucha de clases) que tenían lugar en las diferentes sociedades. Pero en las últimas décadas está ocurriendo un cambio social trascendental:con la globalización las élites han dejado de ser nacionales para poder actuar a nivel global. Su estrategia es hacer del mundo una aldea sin fronteras donde el capital pueda actuar sin resistencia alguna, sin grupos "identitarios" que pudieran organizarse y defender sus propios intereses.

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    1. Saludos, Justo S.
      La estrategia de las élites no es "hacer del mundo una aldea sin fronteras", sino al contrario, establecerlas de manera más efectiva y numerosa. Fragmentar el mundo de manera que seamos más controlables. Excepto para el capital, claro está. El concepto de "patria" no es lo mismo en Europa Occidental, que en Rusia o en América Latina. Por eso es un tanto aventurado calificar de nacionalistas a quienes en esos lugares se proclaman patriotas.

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  5. Hola, Loam

    No veo contradicción entre mi comentario y el tuyo. Por supuesto que el "stablishment" actual trata de dividirnos (divide et impera), para manejarnos más fácilmente. Su intención es hacer de la sociedad una masa informe, sin grumos que puedan entorpecer las actuaciones y la hegemonía del capital; y es en este sentido cuando grupos con una identidad histórica o cultural pudieran ser un obstáculo en la estrategia de dominio absoluto que persigue el capital. Me atrevo a insinuar que la izquierda, con un internacionalismo ingenuo, le está haciendo el juego a la élite de las finanzas en su afán por una globalización neoliberal.

    Saludos

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  6. ni tanto ni tan calvo : el individualismo tbn es neioliberal y una enfermedad
    Lo qe no hay qe hacer es dejarse engañar y manipular a beneficio d la minoria oligarquica
    animio al socialismo acrata !

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