Cuando la multitud hoy muda, resuene como océano.

Louise Michel. 1871

¿Quién eres tú, muchacha sugestiva como el misterio y salvaje como el instinto?

Soy la anarquía


Émile Armand

viernes, enero 20

Quirós, Gottani y la verdadera magia del circo

La situación de los circos con animales no es la que les gustaría a sus dueños, eso está claro. Aunque en algunas entrevistas se vanaglorian de la amplia asistencia a sus espectáculos, en otras se lamentan de la difícil situación económica que atraviesan. Parece que en algo están de acuerdo, o al menos eso expresan en los medios de comunicación: las críticas y las protestas animalistas tienen gran parte de la culpa de su mala racha. Esa es una de las pocas opiniones que podemos compartir con ellos.

Conscientes de su situación, esta temporada podemos ver cómo dos de los principales circos que siguen utilizando animales para atraer al público (Quirós y Gottani), afrontan su llegada a Madrid sabiendo lo que se van a encontrar y poniendo en marcha su estrategia. Necesitan ayuda y lo saben, y la buscan donde suelen encontrarla…

Algunos hechos

El 14 de noviembre de 2016 suben a la web de RTVE el reportaje de Crónicas, “Circo, más difícil todavía”, en el que entrevistan a la plantilla de dos circos, el Raluy y el Quirós. El reportaje es bastante complaciente con ambas empresas y es al final cuando se habla de la situación de los animales allí encerrados. La breve representación de las posturas animalistas es bastante más argumentada y honesta que las declaraciones de los explotadores. Pero de fondo hay un aroma a tradición y a familia que no sabe ganarse la vida de otra manera que puede llegar a muchos corazones, a pesar de la cuestión animal. Punto para Quirós y Raluy.

Dos semanas antes, trabajadores del circo Quirós habían protagonizado un lamentable espectáculo fuera de la pista, un hecho que pasó desapercibido a nivel mediático y sobre el que más adelante volveremos.

El 20 de noviembre el circo Quirós comienza con sus funciones en Madrid. El Gottani anuncia lo propio para el 21 de diciembre. Conviene recordar en este punto que ambos circos llevan varios años recibiendo la indeseada e incómoda visita de activistas antiespecistas que denuncian el encierro y la privación de libertad a los que someten a los animales, tanto en pequeños grupos que se reunen en las inmediaciones para repartir información a la gente que acude o simplemente pasa por ahí, como mediante concentraciones en las que se muestra el rechazo de manera más numerosa. Además, el circo Gottani se encontraba en Madrid cuando la tigresa Victoria se rebeló en 2013 atacando al domador Denny. Este capítulo ha sido especialmente recordado por las activistas, tanto por el gesto de Victoria que demuestra que algo falla en el discurso de los explotadores, como por el incierto destino que le dieron sus dueños, que a día de hoy sigue sin esclarecerse.

Pero volvamos al orden cronológico.

El 2 de enero el circo Gottani recibe la primera concentración de la temporada. Convocada sin mucha antelación, aparecen 70 personas con carteles y gritan lemas en contra de la explotación y la esclavitud animal.

Nueve días después, el 11 de enero, aparece un artículo en El Mundo en el que Denny Gottani se queja de que están recibiendo mucha presión por redes sociales y de que alguien les ha quemado algunos carteles. Anuncia también que interpondrán denuncia en los casos de amenazas. En el mismo artículo reconoce que desde hace dos o tres años están encontrando una mayor oposición a su forma de ganar dinero. En ningún momento habla de cuando el año pasado varios trabajadores de su circo salieron persiguiendo a unas activistas que repartían octavillas en la entrada del circo insultándolas y amenzándolas, ni habló tampoco de la concentración que tuvo lugar el 30 de enero de 2016,cuando uno de los trabajadores del Gottani, vestido de domador, le dijo a un manifestante, delante de decenas personas, “Te voy a rajar el cuello” y un rato después, delante de la policía, le volvió a amenzar diciendo “Tú y yo nos vemos luego”. Gracias a una entrevista bastante insustancial, el circo Gottani se presenta como un lugar maravilloso que está sufriendo el acoso. El 15 de enero, El Confidencial le dedicaríaotro artículo al asunto, en una línea bastante similar. Dos puntos para Gottani.

El 14 de enero tiene lugar una concentración frente al circo Quirós, en la que unas 200 personas expresan su rechazo absoluto a la utilización de animales en el circo y a la ideología especista que lo justifica. En ningún momento se habla de que las condiciones de los animales encerrados sean mejores o peores, ni de si se cumple o no la normativa estatal o la europea: se habla de que ningún animal debería estar encerrado en un circo para que alguien gane dinero.

Durante la concentración se hace mención expresa a través de una pancarta, algunos cánticos y la proyección de unos videos, a las agresiones que miembros de la plantilla del circo Quirós cometieron el 1 de noviembre en Las Rozas contra las activistas que fueron a protestar frente a sus instalaciones. Hablamos de gritos, insultos, puñetazos, golpes con una muleta y empapar a las activistas con una manguera, hechos de los que hay grabaciones que se pueden ver en la red. Mientras dura la concentración del 14, trabajadores del Quirós se muestran algo nerviosos, especialmente su gerente, que no para de moverse de un lado a otro, llamando por teléfono, fotografiando a los manifestantes y llamando la atención de la policía constantemente. La concentración dura una hora y termina sin ningún incidente, le pese a quien le pese.

El domingo 15 de enero por la mañana Europa Press saca unanoticia bastante sorprendente: los camiones del Quirós habían sido pintados por la noche y su gerente, el joven Nacho Pedrera, había sido agredido. Según cuenta Nacho, se encontraba él dando una vuelta por las instalaciones del circo cuando vió a un número indeterminado de animalistas. Como Nacho iba con su móvil grabando las pintadas, se abalanzaron contra él, le dieron un puñetazo, le robaron el móvil y escaparon. Nacho presentó denuncia y recibió asistencia médica por un ataque de ansiedad. Esta noticia ha sido copiada y pegada con mayor o menor disimulo porTelemadrid, El Mundo y La Razón y reelaborada con especial ingenio y dominio de la prosa por mundotoro.com.

Y nuestra relación de acontecimientos y artículos termina en la noche del domingo 16 al lunes 17, con un artículo que publica Abc, firmado por Ignacio Serrano Calleja, en el que se afirma que ha habido cinco activistas detenidos por interrumpir una función en el Quirós el domingo por la tarde. Luego entraremos en los detalles del artículo, pero en pocas horas ha quedado demostrado que varias de sus afirmaciones no se corresponden con la realidad. De este artículo se ha hecho eco Telemadrid, con bastante prudencia si los comparamos.

Quiénes hablan

Telemadrid, Abc, La Razón, El Mundo, El Confidencial,mundotoro.com… No hay mucho lugar a la imaginación a la hora de buscar patrones comunes entre los medios que están dando su apoyo al circo con animales. Medios con unas líneas ideológica bastante marcadas y un posicionamiento indudable a favor de la explotación animal y en contra de todo movimiento social de cambio. No sabemos si los dueños de los circos se han parado a valorar si les interesa que se les asocie con esos medios y las ideas que promueven o es que quizá gran parte de la gente que va a al circo suele consumirlos, pero el caso es que hay esa cooperación y ese apoyo mediático incondicional. Los diferentes artículos están llenos de irregularidades desde el punto de vista de la ética periodística: no existe la presunción de inocencia, se afirma que quienes hicieron las pintadas eran manifestantes sin dar ninguna prueba, se copian y pegan las noticias reproduciendo incluso los mismos errores ortográficos elementales (“caminiones” reproduce Telemadrid del original de Europa Press), en el caso del artículo de Abc entraremos luego en más detalle, y en mundotoro.com hablan de “terrorismo animalista” para referirse a las pintadas y al supuesto puñetazo que recibió Nacho Pedrera. Todo esto nos podría hacer pensar que más que un interés por documentar unos hechos relevantes que merecen ser conocidos, nos encontramos frente a un trabajo de propaganda ideológica puro y duro, pero no tenemos las pruebas como para afirmarlo con rotundidad.

Qué dicen

Por no extendernos no reproduciremos todo lo que dicen en los artículos anteriormente mentados, podéis leerlos directamente con los enlaces correspondientes. Nos centraremos entonces en las informaciones que no nos encajan del todo y que luego juzgue cada cual.

Las pintadas, el puñetazo y el teléfono

El relato de Nacho Pedrera es algo extraño y varía en datos sustanciales de un medio a otro. Por lo que cuenta parece que le emboscaran o algo así, que aprovechan que está distraido grabando unas pintadas para abalanzarse sobre él, darle un puñetazo en la barriga y sustraerle el móvil. Es una emboscada un tanto particular. ¿Qué buscaban? ¿Darle una paliza pero se arrepintieron de repente? ¿Darle un susto y le dan en la barriga y salen corriendo? ¿Robarle el móvil? Golpear a alguien para robarle supone enfrentarse a una posible condena de hasta cinco años de prisión. ¿Harían eso unos activistas? Nacho estaba con más trabajadores viendo las pintadas, pero justo cuando le asaltaron estaba solo y nadie lo vió ni intervino; el puñetazo se lo dan en la barriga que es una zona del cuerpo en la que no suelen quedar marcas, con lo cual no se puede demostrar de esa manera ni que le han pegado ni que no; se pone a grabar pintadas con el móvil a las 23h… Todo puede ser cierto, aunque quizá pueda no parecerlo. Lo que seguro es cierto es que Nacho Pedrera se humedece los labios en el momento en que cuenta que le robaron el teléfono (1:03 del video de Telemadrid). Un detalle que puede no tener importancia o puede tenerla. A Nacho le gusta mucho hablar delante de un micro, desde que es gerente ha aparecido en varias entrevistas y videos y más o menos se desenvuelve bien, suele repetir las mismas frases y se las tiene aprendidas. Hace poco, el 12 de diciembre, le hicieron una entrevista para youtube y ahí también se le secó la boca (2:04). Fue justo antes de decir que el movimiento animalista es una moda y que esconde grandes intereses económicos. Puede ser casualidad. Dentistas y psicólogos están de acuerdo en que la principal causa de sequedad bucal temporal se encuentra en los nervios, el estrés o la ansiedad. Pero puede que ese no sea el caso.

También es interesante señalar que según el Abc el puñetazo fue en la cara y según el propio Nacho fue en la barriga. Abc también dice que le escupieron, detalle que Nacho no proporcionó en la entrevista de Telemadrid ni en la noticia de Europa Press.

En el video de Telemadrid encontramos también una información que puede parecer difícil de creer. Dice que los activistas escribieron “Liberación animal”, “Protección animal”, “Hijos de puta” y una A circulada, entre otras cosas. Hemos estado consultando y es bastante improbable que una persona que de verdad cree en ello escriba estas cuatro cosas juntas. Si se está a favor de la liberación animal, “protección animal” no suele ser un término que se abandere y viceversa. Y si se es anarquista, “protección animal” quedaría también prácticamente descartada y lo mismo pasaría con “Hijos de puta”, una expresión profundamente machista cuyo uso choca con la ética libertaria. Aunque de nuevo todo podría ser cierto.

Finalmente, en el artículo de Serrano Calleja se recoge que a Nacho le dió un ataque de ansiedad y fue atendido por el Samur. Después de los datos erróneos anteriormente reflejados, quien lee puede albergar ya ciertas dudas sobre si de verdad ocurrió o tampoco, ya que no aparece en ninguno de los otros artículos.

Antes de cerrar este apartado, algo más sobre Nacho Pedrera. Conocido desde hace años por las activistas antiespecistas de Madrid, Nacho es un joven que lleva años defendiendo con mucho empeño los circos animales, deben gustarle muchísimo. Antes de ser gerente y presentador en el circo Quirós, fundó el Club Animador, que se dedicaba a protestar a favor del circo con animales en la puerta del circo con animales, generando siempre una gran confusión entre los viandantes. Ya en esos tiempos, y durante los últimos seis años, mostró una gran inclinación por la presencia policial, llamando siempre que había activistas animalistas, aunque el 100% de las veces la policía le informara de que no es ilegal estar en contra del circo con animales y expresarlo. Nacho siempre se mostró muy tenso ante la presencia animalista y buscaba cada vez la manera de provocar a los activistas para que cometieran algún delito y poder denunciarles, cosa que nunca ocurrió para desgracia del muchacho. Avisamos a toda la gente que esté en contra del circo con animales: a Nacho le gusta llamar a la policía, a Nacho le gusta llamar la atención, Nacho va a hacer todo lo que esté en su mano para defender el circo con animales y está deseando que metamos la pata para llevarnos a juicio.

Pasemos entonces a la otra noticia que nos ha preocupado mucho más por haber detenciones de por medio.

La interrupción del domingo

Esta noticia recogida en Abc y Telemadrid aún puede dar mucho juego, pero se han necesitado pocas horas para tirar por tierra parte de su contenido. Se nos habla de unos encapuchados que saltaron a la pista y que se liaron a puñetazos con los trabajadores del circo. Hay ya vídeos que muestran una realidad totalmente diferente, ni iban encapuchados, ni llegan a acceder a la pista, ni se pegan. La violencia que tanto resalta Serrano Calleja no aparece por ningún lado. Ni rastro tampoco del domador al que supuestamente dejaron inconsciente con un hierro, no aparece por ningún lado. Y si Nacho se adentró en la oscuridad para grabar unas pintadas con el móvil, ¿cómo no hay imágenes de esto? De todo esto mejor que hablen si quieren las personas que participaron en la acción, desde aquí nos centramos en lo que se publica, y otra vez vemos como se hacen afirmaciones sin dar prueba alguna de ello. Por ejemplo, se afirma: “los asaltantes, vinculados a grupos animalistas y anarquistas”, sin dar pruebas de ello y como si eso fuera un delito. En otro párrafo se pone en negrita la palabra “anarquista”, como para resaltar algo que no se termina de decir a las claras. Lo sentimos, pero todavía no está tipificado como delito tener inquietudes animalistas o anarquistas, mal que le pese a algunos.

De este episodio, es interesante recalcar la importancia de no creernos de forma acrítica lo que nos dicen desde los medios de comunicación, poner en cuarentena las informaciones recibidas desde esos canales, contrastar las informaciones, intentar conocer la versión de las personas implicadas, etc.

Última hora: en el circo tienen miedo, o eso dicen

Se publica por la noche para que se mueva la mañana del 17 de enero un nuevo artículo en Abc, firmado por… Ignacio Serrano Calleja, en el que se viene a decir que las gentes que viven de utilizar a otros animales en el circo tienen miedo porque ven que se puede acabar su negocio. No hay noticia nueva, simplemente se intenta crear una sensación de que quienes se oponen a la explotación de animales en los circos son gente peligrosa.

También una vez más el señor Serrano Calleja incurre en una contradicción a la hora de reflejar cifras, esta vez frente a su propio artículo de un día antes: en el primero se afirmaba que fueron cinco las personas detenidas el domingo en el Quirós y ahora resultan ser cuatro.

La verdadera magia del circo

Llegado este punto viene a la mente esa idea tantas veces repetida y tan pocas veces explicada de “la magia del circo”. Efectivamente, nos estamos encontrando con la magia del circo en toda su crudeza. Esa magia que consiste en que las víctimas son quienes encierran y utilizan a otros animales para ganar dinero, y los verdugos son quienes quieren poner fin a tan explotadoras prácticas. Ese es el truco que están intentando hacer, el as en la manga, el abracadabra que esta temporada viene más fuerte que nunca, porque saben que esta temporada la oposición está más fuerte que nunca. Para hacer este gran truco ya se está viendo quiénes son sus aliados. Una estrategia mediática de manual, darle la vuelta a una situación mediante el miedo, la alarma social y la criminalización de la protesta. Seguramente si habéis estado por estas latitudes durante el último siglo os puedan sonar ejemplos parecidos.

Quienes explotan a los demás animales por monedas y billetes no tienen argumentos. En ningún momento aparecen públicamente explicando por qué los intereses de los demás animales no deben ser tenidos en cuenta, por qué deben ser excluidos de la comunidad moral, por qué su libertad y el derecho a vivir su vida de forma autónoma no valen nada. No lo hacen porque no pueden, porque no hay manera de explicar eso. Por eso se agarran a cosas como que es una tradición, que cumplen la ley o que es su trabajo. Pero eso no es suficiente para una gran parte de la población. Por eso, cuando no tienes muchas cosas buenas que decir sobre ti, lo único que te queda es hablar mal de tu rival. Intentar hundirle, de la forma que sea. Acusar de violentos es algo que se lleva mucho por aquí y que suele funcionar. Esa es su apuesta, porque saben que es su única oportunidad, no disponen de más recursos, así que jugarán esta baza con todas sus fuerzas.

Su objetivo

Esta estrategia que ha sido utilizada más veces con anterioridad tiene, al menos, tres funciones. La primera es desviar el debate que se está dando en la sociedad acerca de la legitimidad ética para explotar a los demás animales en espectáculos u otras formas. Si consiguen lo que buscan, cuando alguien hable del circo en seguida la conversación se redirigirá hacia lo mal que se comportan los animalistas y lo mucho que necesitamos que los encarcelen. Se intenta suplantar el tema del debate, de tal modo que su negocio quede impune e incluso reforzado. Una segunda función es la de dividirnos a quienes luchamos por el fin del circo con animales. Crear una separación entre quienes consideran que se debe luchar de una manera y quienes tienen otra visión, entre quienes apoyan o no ciertas acciones o simplemente entre quienes aparecen en los medios acusados de cosas que puede que ni hayan hecho y el resto. Dividirnos por si alguien insulta o alguien no, por si alguien pinta o alguien no es caer en el juego que nos quieren imponer y jamás va a beneficiar a los animales ni a las activistas, jamás. Los debates son necesarios, pero en nuestros espacios y desde luego no en momentos como pueden ser unas detenciones. Ahí necesitamos permanecer unidas y tener claras nuestras prioridades, ya discutiremos de estrategia cuando los ánimos estén más calmados y las condiciones sean más propicias. La tercera es despistarnos, que tengamos que dedicar nuestro tiempo a defendernos nosotros en vez de a defender a los animales, que nos entre miedo, que perdamos la concentración tan necesaria para luchar de manera efectiva.

Nuestra respuesta

Todo lo contrario: querer luchar con mayor intensidad, mantener la mente fría y calcular más aún cada paso, apoyar más a nuestras compañeras. Está tan claro qué es lo que quieren que hagamos que es muy fácil no hacerlo. Se defienden atacando porque no pueden hacerlo de otra manera, manejemos nosotras el ritmo. Que nos conviene contestar y reaccionar, hagámoslo. Que nos interesa más ignorar alguno de sus movimientos y continuar con nuestros planes, hagámoslo. No dejemos que nos marquen la agenda, eso es darles mucho poder.

Estamos en el buen camino desde hace tiempo, es evidente que estamos trabajando bien, no perdamos el equilibrio y centrémonos en nuestras propias propuestas. Que salga el Quirós lamentandose en el Abc solo nos va a poner en contra a gente que seguramente ya lo estaba, no es el apocalipsis, es algo normal en un proceso de lucha y lo tenemos que entender como una buena señal.

Para cerrar, una buena noticia

Ya sabréis que el Ringling Bros Barnum & Bailey Circus ha anunciado que echa el cierre tras 146 años explotando animales. Ya a principios de siglo había gente luchando por conseguirlo, de hecho el Jack London Club consiguió con sus campañas que dejasen de utilizar animales entre 1925 y 1929. Esto nos demuestra que pelear por algo que consideramos justo merece la pena y puede dar grandes resultados. Nos lo demuestra a nosotras y se lo demuestra a la gente del circo Quirós, Gottani, Mundial, etc. Nosotros lo recibimos con alegría y sentido de la justicia y ellos lo reciben con miedo y ansiedad. Estamos en una mejor posición, aprovechémoslo.

martes, enero 17

El rock, la subversión y la política en la Transición

Charla debate de Miquel Amorós sobre “La Juventut en la Transició”, en el Centro Social Autogestionado Can Batlló, barriada de Sants, Barcelona.



El sentido de la historia también se manifiesta en fenómenos superficiales y laterales como la música pop, puesto que están vinculados con la vida corriente y no son simplemente hueras trivialidades o negocios lucrativos, sino resultado de fantasías y ensoñaciones colectivas donde cristaliza a un nivel cotidiano la falsa conciencia de la época. Son materiales compuestos de consignas, temas, imágenes y sonidos con las que se puede ilustrar la evolución de una sociedad de clases enfrentadas hacia una sociedad de masas manipulables. Desde la sucesión de estilos propios a esa clase de música para jóvenes, que anuncian el desarrollo y diversificación de la industria del espectáculo, podemos llegar con facilidad a las contradicciones de una realidad social en fase de efervescencia a la que los intereses de la dominación tratan de apaciguar, tanto en el frente musical como en los demás frentes. Si la función de tales intereses consiste en desvirtuar y neutralizar los impulsos disolventes que emergen musicalmente o no en los estratos juveniles de la sociedad, la nuestra es por el contrario la de darlos a conocer y revelar lo que hay de esencial en ellos, pasando por encima de opiniones veleidosas e intrascendentes.
 
El periodo conocido como la Transición, comprendido entre 1976 y 1981, es decir, entre el año de la actuación de los Rolling Stones en Barcelona y el año en el que nace Mecano y abre la sala RockOla, consistió básicamente en la transmutación parlamentaria de un régimen fascista con la aprobación y el apoyo de una oposición política que se autoproclamaba “democrática”. Fue una operación de cambio de oropeles de un aparato dictatorial que se conservaba íntegro y limpiaba su antigua hoja de servicios gracias a un pacto de silencio y una amnistía. En compensación se creaba un espacio para el asentamiento de una nueva clase política, la cual se hacía responsable de la desactivación de cualquier fuerza subversiva en el seno de la sociedad civil. La Constitución salida de esa componenda, más que garantizar derechos los suspendía con el pretexto de posibles situaciones de peligro institucional determinadas unilateralmente por la autoridad gubernativa. Los jueces franquistas garantizaban su aplicación regresiva. Mientras, la jurisdicción militar se mantenía aparte y sus tribunales seguían procesando a escritores, actores y periodistas. El golpe de Tejero proporcionó las excusas que faltaban para las vergonzosas capitulaciones que cerraron el periodo, instaurando un régimen continuista con apariencias democráticas.
 
 


Para sus inventores, la Transición no podía limitarse a la política y a la jurisprudencia; el cambio aparente tenía que ser cultural y sobre todo, llevar la impronta generacional. La importancia de la juventud radicaba en el hecho de que las tres cuartas partes de la población española de mediados de los setenta tenía menos de cuarenta años. La farsa constitucional y los Pactos de la Moncloa harían de fondo; la servidumbre voluntaria y la conciencia satisfecha figurarían en primera fila. Siendo una herramienta de suma importancia para el condicionamiento de masas, los medios de comunicación habían continuado casi en exclusiva en manos del antiguo aparato, incluso después de aprobarse la “carta magna” y constituirse las Cortes parlamentarias. Eso significó el predominio de formas espectaculares arcaicas, y nunca mejor dicho, teledirigidas, cuando la reconducción de la juventud potencialmente contestataria exigía un espectáculo difuso que incluyera actitudes beligerantes contra las convenciones pasadas aún vigentes. El clima social conformista que se quería introducir con el calzador de la modernización formal necesitaba canales de desagüe más eficaces y distracciones más atrevidas. Para ser verdaderamente moderno el orden musical no tenía que luchar contra la subversión, sino marchar un paso por delante. Sin embargo, desde el punto de vista del franquismo discográfico el rock no iba más allá de Los Brincos o de Fórmula V, y, para los nuevos funcionarios progresistas de la cultura, el rock era poco menos que un invento del capitalismo. Eso, la ausencia de la gente de barrio, el carácter artificioso e importado de la contracultura y una sofisticación fuera de lugar explicarían por ejemplo la falta de atractivo tanto institucional como popular del llamado rock progresivo o del llamado “underground” de los primeros setenta, a pesar de contar con el respaldo de un parte significativa del staff musical. Dicha modalidad rockera tuvo uno de sus últimos espasmos en el primer Canet Rock, la única tentativa, confusa, pero con verdadera voluntad de dar vida a una contracultura ibérica. El impasse musical fue aprovechado mejor por los cantautores.
 
Por lo menos hasta 1978, a pesar de la euforia libertaria, los cantautores adictos al sistema de partidos dominaron la escena oficial. Las maneras poetoides, corales y folk con “mensaje” eran más apropiadas para transmitir los eslóganes del poder remodelado a un público mayoritario de estudiantes y profesores. Una lírica palabrera y seudotrascendental de “libertad sin ira, libertad”, de “se hace camino al andar”, de “a galopar”, o de “si tu l’estires cap aquí”, cubría el engaño supremo de una democracia ful con que la misma libertad estaba siendo escamoteada. La tarea adormecedora del cantautor obedecía a la urgencia de estabilizar el régimen nacido de una transacción abominable. Apremiaba un trabajo de propaganda que, mediante el uso poético-musical de los tópicos liberales y el buenismo democrático parlamentario, ocultara los antagonismos de clase e indirectamente hiciera apología del orden establecido, de sus curas, sus jueces, su policía y su ejército. Al caminante de Machado le soplaban lo de que “se hace camino al votar”. En fin, se puede decir que la canción de autor, serio y “de izquierdas”, caracterizó el melecumbé del nuevo régimen partitocrático en sus inicios. Los efectos de la contracultura americana durante los primeros setenta no traspasaron los ambientes de los retoños desarraigados de las clases medias y altas. Los viajes, el ácido lisérgico, la meditación, la maría, la melena, el comic underground, la no-violencia, la libertad sexual y las comunas campestres fueron sus propuestas más importantes, y Pau Riba, su artista más dinámico. Inspiraron los voluntariosos y artesanales festivales de rock de 1975-76, balbuceos de un hippismo casero pasando de todo lo que significara compromiso social, y tuvieron su momento de gloria en las Jornadas Libertarias de julio de 1977, ceremonia triunfalista y autocomplaciente de una confusión que ni la CNT ni la revista cajón-de-sastre “Ajoblanco” pudieron administrar durante demasiado tiempo. La amalgama de ideologías, camarillas y poses no despertaba una especial lucidez; mientras, los días de libertad se acababan con la consolidación de la partitocracia y la acción paralela del caballo y de los servicios secretos.
 
Los trabajadores adultos veían con malos ojos los asaltos a la moral puritana, a la familia y a la ética del trabajo. Estaban contaminados por valores culturales catolico-burgueses y eran indiferentes, cuando no francamente hostiles, a los radicalismos en la vida cotidiana. Por su parte, el movimiento obrero autónomo se batía en retirada y no estaba ni para porros ni para canciones. Sin embargo, los tiempos corrían y lo que hoy ponía en música la buena conciencia de la progresía pequeño burguesa y de los viejos militantes de fábrica, no serviría mañana para impedir la formación de fuerzas juveniles desestabilizadoras en las barriadas dormitorio, donde aún ardían rescoldos de luchas asamblearias. De un día para otro habían dejado de funcionar los sermones cansinos y deprimentes de los cantautores del nuevo régimen, requiriéndose nuevos vehículos musicales para dispersar las energías juveniles. No se trataba de dar un falso contenido al tiempo, sino simplemente de matarlo, por lo que convenían más los estilos rockeros ya que se prestaban mejor al optimismo y a la evasión. Con una masa juvenil deseosa de divertirse, de huir de la realidad y de disimular su insatisfacción particular, pero incapaz de tragarse las salmodias seudodemocráticas y fraternaloides con que le obsequiaban los artistas “comprometidos” con el statu quo –no hablemos ya del frikismo contemplativo hippy o de los cánticos arqueolibertarios– los mecanismos de evacuación de la rabia anti-sistema buscarán otras salidas que afrontarán en principio la realidad en lugar de esquivarla, para mejor pasar después de ella.



A partir de 1977, año de la euforia que despertaron las primeras elecciones y año también de las primeras manifestaciones de la crisis económica, al margen del negocio musical aparecen o graban en sellos independientes una multitud de bandas rockeras suburbanas de sonido diverso, promocionadas por emisoras de frecuencia modulada. Tienen buenos intérpretes, malas pintas y cantan letras que hablan de asuntos muy alejados de los que obsesionan a la clase política, como son el sexo, la peligrosidad social, la escuela, el dinero, las peleas, el bailoteo, la juerga del fin de semana, etc. Se han cansado de versionear en inglés a sus grupos preferidos, cantan en español y demuestran un gran poder de convocatoria. De Burning a Barricada, de Leño a Baron Rojo, de La Banda Trapera a Cucharada, de Coz a La Polla Records, de Asfalto a la incipiente movida viguesa, un montón de bandas conectan de maravilla con un público que además de ir a los conciertos todavía se organizaba en los barrios, asistía a asambleas y se presentaba en las manifestaciones. El pacto desmovilizador que cimentaba la Transición no había acabado con eso puesto que su complemento económico, la sociedad de consumo, no había alcanzado niveles europeos. El coche, por ejemplo, el artefacto por excelencia del consumidor, no ocupaba el centro de la vida cotidiana del joven. Tampoco la moto ni la ropa. Culpa de la subida del precio del carburante y de la falta de trabajo que se empezaba a notar. Otras propuestas musicales ofrecerán menos interés, como por ejemplo el rock anestésico tipo andaluz o el rock-salsa layetano, hijos bastardos del progresivo, pero completan un cuadro que permite hablar de “creatividad” y de “libertad” con mayor propiedad que en ningún otro momento. La producción musical no iba condicionada y ni mucho menos determinada por las estructuras comerciales de un show bussiness que se comía bien poco en ese campo. El rock español de barrio superaba los límites del espectáculo al crear una comunión entre músicos y público lo suficiente real como para dar la impresión de una comunidad juvenil, cuando no de una “nación”, pero más bien como la del “Woodstock catalán” de Canet. Mera impresión sin mucha base, puesto que la marcha rockera no era sino una respuesta en el terreno del ocio a cuestiones sociales irresolubles en dicho terreno. La libertad, liquidada apenas acabada de nacer en la sociedad posfranquista, se preservaba de momento en enclaves juveniles de la periferia urbana. Pero se pretendía una resolución mágica de contradicciones sociales con la fórmula magistral de amontonamiento libre, buenrollismo y colocón tolerado. Las contundentes afirmaciones del público de los conciertos: “el rock es todo”, “es mi religión”, “es una forma de estar vivos”, etc., ya reflejaban las ansias de sublimar su libertad verdadera, sus experiencias posibles y sus deseos de acción en un lugar cerrado liándose canutos, dando cabezazos, rasgando guitarras irreales y saltando con la música a toda pastilla, con la ilusión adolescente de formar parte de algo completamente inexistente. Y sobre todo, manifestaban la voluntad de no correr riesgos. Al revés de lo ocurrido en la década anterior, en los últimos setenta nadie creía realmente que el rock cambiaría el mundo. Lo dijeron los Stones: “esto es sólo rocanrol”. Un estilo que además parecía perfectamente coherente con una mentalidad política conservadora: Neil Young, Alice Cooper, David Bowie y Eric Clapton, entre otros, se habían pronunciado por la derecha o la extrema derecha, y lo mismo harían miembros de Velvet Underground, King Crimson, Ramones, Kiss, Led Zeppelin y los mismísimos Doors. Estábamos en los balbuceos del tratamiento industrial de los jóvenes a través de la música, a los que se proporcionaba una identidad roquera de prestado ideal para convertirles en masa maleable.
 
 
 
El rock suburbano peninsular no tenía raíces ibéricas; las tenía en el mundo anglosajón blanco. Eran raíces importadas muy concretas. Nada que ver con el pop español tutelado y facilón de los sesenta. Se inspiraba principalmente en el rock sinfónico, experimental e intelectualizado, en el glam, en el rock duro y en el heavy metal, estilos propios de la fase terminal del rock, aquella en la que el ruido, las anfetas y la parafernalia escénica creaban el necesario ambiente pasivo para que el espectáculo total se consumara en una completa separación entre el grupo virtuoso y el público contemplativo y domesticado. Cierto que también hubo mejores influencias, Dr. Feelgod, The Clash, Johnny Thunders… 
 
Pero por otro lado, el macroconcierto se había revelado como el medio más idóneo para congregar a masas de jóvenes huérfanos de personalidad que solamente se sentían a gusto en una montonera, aplicación práctica del cuando más seamos, mas reiremos. Incluso podía servir, con causa de por medio (como el concierto para recaudar fondos pro Bangladesh organizado por el beatle Harrison), para indignarse impotentemente ante una horrible masacre y olvidarla a la salida, exhibiendo en público una sensibilidad frívola y un compromiso falso por el precio de una entrada. Algo muy narcótico, muy narcisista y muy en consonancia con el refuerzo de las burocracias partidistas y del Estado. En cuanto al rock especifico de los setenta, el bajo pesado, la presencia fálica de la guitarra marcando un ritmo enfático, la percusión densa, la voz chillona del solista, la pose teatral y machorra, la amplificación distorsionante, las bengalas, los focos, la pelambrera y el inevitable logo, sublimado nazi, eran elementos idóneos para conducir a bandas y seguidores hacia los estereotipos más banales, respectivamente, de la “tribu”, sucedáneo de la comunidad disuelta, y del “ídolo”, imagen viril de la alienación modernizada que los “fans” agradecían y deseaban imitar. El fetichismo rockero no hacía más que reflejar el fetichismo de la mercancía espectacular, prueba suficiente de que el antagonismo entre clases estaba degenerando en un conflicto generacional –o “tribal”. Un problema de mucho menor calado, fácil de resolver mediante la creación administrativa de espacios exclusivos donde los veinteañeros ociosos pudieran fabricarse una identidad postiza y revolcarse alucinados en la nada, dejando el campo libre a los profesionales de la política y del sindicalismo. Vamos, la cuestión social convertida en un tema de política municipal socialista o comunista. En realidad, era todo un salto adelante en el espectáculo inscrito en el reajuste de los resortes del poder institucional y sus nuevas políticas lúdico-ceremoniales.
 
Con tales fuentes de inspiración el rock metropolitano no supuso un asalto a la cultura, sino el desarrollo de un gueto juvenilista, feliz y entusiasmado de nadar en movidas que no suponían peligro alguno, puesto que no afectaban al orden neodemocrático. Un adelanto en el tiempo de los polígonos discotequeros y las raves. El suplemento de libertad conseguido no se empleaba más que en pasar un buen rato con los colegas moviendo las caderas. Por ese lado no hubo conciencia de clase, y puesto que la sociedad de masas había igualado las generaciones, tampoco hubo conflicto generacional; al final de la Transición la despolitización era general. Los padres no servían de ejemplo para sus hijos, aunque tampoco servían de revulsivo. Los más modernos empezaban a imitarles. Los ambientes lúdicos y despreocupados no alentaban sentimientos colectivos de rebeldía, ni favorecían la lucidez. Además, en las bandas era patente una absoluta falta de criterio político, llegando no pocas veces a actuar para espectáculos de partido, en consonancia con la resurrección de la Dictadura repeinada y acicalada como Democracia. Las burocracias partidistas fueron las primeras en darse cuenta de las posibilidades de esa clase de música para contrarrestar la tendencia a la baja de la asistencia sus ceremonias y explorar de paso las posibilidades electorales del filón juvenil. En ese sentido la actuación de Ramones en la “Festa de Treball”, órgano del PSUC, marca un hito en el oportunismo difícil de igualar. Entretanto, el capitalismo se reafirmaba en suelo hispano cerrando fábricas y abriendo sucursales bancarias, cercenando libertades y equipando a las fuerzas represivas. Los ejecutivos de una sociedad forzada a una renovación constante, cuyos miembros se sentían arrastrados a un consumo frenético, descubrían en la “juventud”, término impreciso donde los haya, a la vanguardia del ocio integrable y la reconversión cultural, algo secundario en un mundo de productores, pero esencial en uno de consumidores.
 
La juventud, tanto obrera como estudiante, en la medida que podía permitirse vivir ajena al trabajo, descubría los sólidos lazos que la ataban al mundo consumista de cuyas convenciones se burlaba. Consciente de ello, su burla fue cada vez más frívola e insustancial y la trasgresión anduvo cada vez más por las ramas. La trasgresión se volvía moda y la pose, norma. Lo fijo desaparecía, todo se hacía muy cambiante, pues lo efímero es la condición primera de la sociedad de consumo y del espectáculo que se estaba entronizando. La separación entre la España oficial de los partidos y los poderes fácticos, y la España real de la policía y los parados, había acabado produciendo la inevitable decepción. De carambola, la masa juvenil empezó a volverse incrédula, narcisista, apolítica y esteta. También más femenina y políticamente incorrecta: las letras de las canciones de los nuevos grupos no buscaban la trascendencia, a lo sumo, una provocación light más que vista (p.e. el uso de svásticas y uniformes nazis, la nota gamberra, la irreverencia blanda). La juventud de los ochenta ya no quería salvar el mundo, ni siquiera salvarse a sí misma. El desencanto, la soledad y el tedio empezaron a rellenarse con humor, maquillaje y estupefacientes. El ocio se hizo nocturno, como las rayas. Las rupturas, como siempre, se limitaron a los códigos estéticos, no a la realidad, y también como siempre, con varios años de retraso. Al no encarar la realidad, el desengaño no produjo resentimiento, sino individualismo, mucho ego, delirio, postureo, autodestrucción y nueva indumentaria. En fin, hablamos de la “Movida” madrileña, el tecno y otras hierbas similares. Vale, la historia del punk y del rock radical no fue exactamente así, pero aquellas ya eran movidas postransicionales y llovían sobre mojado.
 
 
Miquel Amorós

sábado, enero 14

El bosque okupado de Hambach

En la región de Renania, en Alemania, la compañía RWE está explotando 3 minas de lignito, donde extrae alrededor de 100 millones de toneladas de lignito cada año. Además, gestionan 5 plantas energéticas donde el carbón está siendo quemado como medio para producir energía. Esta industria causa alrededor de 100 millones de toneladas de CO2 al año, y libera un montón de polvo fino, además de metales pesados, elementos radioactivos y otros contaminantes. Para evitar que las minas se inunden de agua, el nivel subterráneo del agua en la región está siendo descendido hasta una profundidad de cerca de 500 metros, lo que trae consigo fuertes consecuencias para la naturaleza. Además, muchos pueblos están siendo “realojados”, lo que significa que la gente que vivía allí es obligada a mudarse y el terreno está siendo destruido y contaminado. Para hacer la mina más grande a día de hoy en esta zona – la mina de Hambach – el bosque de Hambach está siendo talado. Esta tala lleva desde 1978 y el plan de la compañía es haberlo talado completamente en 2018.

La okupación del bosque

En abril de 2012, el bosque fue okupado para evitar que fuese talado y así intentar contener el crecimiento de la mina. Desde entonces las okupaciones han sido desalojadas varias veces, pero en todas una re-okupación tuvo lugar poco tiempo después. La primera okupación se produjo durante el festival “Wald Statt Kohle!” (Bosque en lugar de carbón) al que acudieron 200 personas que empezaron a levantar plataformas en los árboles, lo que supuso el primer acto de okupación y resistencia en defensa del bosque. Las okupaciones se suceden de formas diversas y han conseguido crear una red internacional de activistas en su defensa. La diversidad de formas de defensa del bosque constituye otra de las señas de identidad de esta lucha durante todo el tiempo que lleva activa, entre ellas podemos destacar la escalada a árboles para todo tipo de bloqueos o necesidades, o los encadenamientos a árboles. En una de las primeras okupaciones se empleó una gran red, colgada a unos 20 metros de altura, donde podían estar varias personas resistiendo. En 2012 también se empleó una orquesta de música que combinaba la música clásica con la desobediencia civil bloqueando el paso de una excavadora durante las dos horas de concierto, en este mismo sentido el colectivo “Rhythms of Resistance” (una conocida “batucada”) también actuó bloqueando excavadoras. Además de esto, se dan con frecuencia todo tipo de acciones más concretas contra la maquinaria en forma de pintura, barricadas o sabotajes, como los que se practican clavando grandes clavos en los árboles que van a ser talados para que cuando pase la motosierra por ahí quede bloqueada.

Actualidad

La última temporada de tala comenzó el 1 de octubre de 2016 y terminará el 28 de febrero de 2017. Como es habitual ante cada inicio de temporada se realizó un llamamiento internacional para ir a defender el bosque, que está ya al borde de la inexistencia. A esta llamada acudieron un grupo de personas desde el Estado español que colaboraron en la defensa del bosque. Durante este periodo de resistencia hubo una escalada en la confrontación contra la policía y la empresa que se materializó en arrestos y detenciones. De entre estas, dos personas del Estado español fueron detenidas acusadas de tenencia de explosivos y ataques a la policía. Ambas personas estuvieron encarceladas desde su detención hasta el pasado 21 de diciembre que fueron puestas en libertad. A pesar de ello, la resistencia continúa en el bosque okupado.

Parte del texto ha sido extraído del fanzine https://vozcomoarma.noblogs.org/files/2015/06/cuerpo.pdf


miércoles, enero 11

Lo correcto


 
Lo correcto es saludar al mundo con la cabeza por delante.
Recibir a Dios como se merece
con el alma blanca y la razón en blanco.
Obedecer hasta convertirse en hombre de provecho.
Estudiar una carrera con salida
no masturbarse.

Lo correcto es casarse y concebir dos hijos
aprobar oposiciones
no llegar nunca tarde.
No enamorarse de un loco o de una loca.
No llorar si naciste macho o llorar mucho
si te parieron del sexo femenino.

Lo correcto es aburrirse
afiliarse al Real Madrid
escuchar Carrusel Deportivo
votar
y votar lo menos malo
no pronunciar palabras malsonantes.
Asumir el azar sin rebelarse.
Pasear al crepúsculo un perro de raza
que se cague sin reparo en la puerta del vecino.
Ponderar los juicios
engañar sin mentiras
disfrazarse de traje y de corbata a juego con los calcetines.

Lo correcto es consumir dos horas diarias frente a la telepantalla
no levantarse de la mesa
ni comer con piel los melocotones. No equivocarse
saber escoger
intoxicarse con ibuprofeno a la primera molestia que lo excuse.

Lo correcto es follar los sábados
cenar en el McDonal's un resto de cadáver
comprarse una nariz nueva y cambiar la propia por una de mentiras
asesinar con cirugía las patas de gallo
para hacer la guerra y no el amor al paso de los años.

Lo correcto es suponerse underground
diferente
alternativo
cuando envías un guasap
mientras te lanzas de compras los domingos.

Lo correcto es morirse... sin haber vivido.

domingo, enero 8

Reflexiones para un mundo sin policía [fanzine]


Recientemente he estado traduciendo y reeditando en castellano un fanzine que editó originalmente A World Without Police (Un Mundo Sin Policía), colectivo estadounidense (y de más allá) surgido al calor del movimiento Black Lives Matter (Las Vidas de los Negros Importan, un movimiento informal surgido en algunas zonas de EE.UU. a raíz de las revueltas y protestas por los asesinatos policiales racistas en Ferguson y que tiene como fin denunciar y combatir de diversas maneras el racismo y la brutalidad así como la impunidad de la policía) y que pretende aportar herramientas y medios para cuestionarse el papel de la policía y crear estrategias para poder superar esa supuesta "necesidad" y poder aspirar a abolir a la policía algún día y con ella, al modelo de organización social, económica y política que requiere de la represión, la opresión y la violencia para mantenerse.
Una vez terminado, me gustaría dejároslo aquí para que podáis descargarlo y difundirlo como estiméis conveniente. Me gustaría que su contenido no se convirtiese en algo vacío, abandonado en una estantería a coger telarañas después de una lectura resignada. Que dé lugar a proyectos, cuestionamientos y que circule. Ese y no otro es su cometido.
Os dejo el texto de la introducción junto con los enlaces para la descarga.
Para descargar o leer online el fanzine:
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En la sociedad en la que vivimos, crecemos con la idea de que la policía es sinónimo de protección, seguridad y justicia. Desde que somos niñes, nos educan para aceptar a la policía como intermediaria, y como un cuerpo al que debemos recurrir para denunciar nuestros problemas y permitirles solucionarlos por nosotres, mientras nos enseñan, al mismo tiempo, que intentar abordar dichos problemas por nuestra cuenta, u organizarnos con nuestras amistades, seres queridos, afinidades, para buscar y poner en práctica alguna solución, es malo. Nadie debe buscar soluciones más allá de acudir a la policía y confiar en que elles hagan lo necesario.
Así, poco a poco, la policía ha ido cobrando un papel cada vez más importante en la vida de las personas, y asumiendo cada vez más funciones, hasta un punto en el que casi cualquier problema social, desde un vecino ruidoso hasta una persona que deja su basura fuera del cubo, un malentendido económico o una discusión en casa es solucionada llamando a la policía.
No obstante, ¿es realmente la policía un instrumento válido para resolver nuestros problemas? Si prestamos atención a la historia y hacemos un análisis de su trayectoria, vemos que desde sus inicios, la policía funcionó siempre como un mecanismo encargado de imponer las normas del poder en cada orden establecido, además de proteger los intereses y hacer cumplir los designios y la voluntad de cada figura de autoridad, tomando parte en guerras y manteniendo órdenes esclavistas, misóginos o fascistas sólo porque era “la Ley”, porque esas eran “las órdenes”. En las democracias modernas, donde se nos dice que ya somos libres y que ya todes gozamos de igualdad de condiciones y derechos (aunque ésto sea a todas luces falso), la policía se asume, una vez más, como guardiana e interlocutora del pueblo y de los valores morales correctos, de la justicia, del orden. Sin embargo, ¿qué pasa cuando el orden social y el sistema social, económico, político y cultural al que la policía sirve y defiende, representa la mayor expresión de violencia? ¿qué pasa cuando la policía protege los privilegios de quienes aumentan sus fortunas bombardeando y asesinando cientos de personas en guerras por recursos? ¿qué pasa cuando la policía mantiene el mismo orden social que es origen de la mayoría de los delitos y problemas?
La policía no puede resolver nuestros problemas porque son parte de ellos. Además del hecho de que la propia policía infringe la Ley cuando le conviene a la hora de aplicar sus castigos y que sus agentes no están exentes de corrupción ni de delincuencia (hemos visto a policías violando mujeres detenidas o a sus propias compañeras, consumiendo y ocultando drogas, torturando personas en calles y comisarías, implicándose en tramas de trata de blancas, inventándose hechos para justificar detenciones…), hacemos hincapié en que a pesar de los discursos liberales que el Estado promueve y que tienden a desvincular al individuo de sus condiciones de existencia (lo que deja vía libre para culpabilizar al sujeto como “antisocial” y justificar cualquier medida de encierro además de extender la desconfianza a les demás), nuestros problemas no son casos aislados fruto del supuesto egoísmo presuntamente inherente al ser humano, sino consecuencias de una mala organización de la sociedad y del mundo, y de la existencia de jerarquías, desigualdades y de un sistema de dominación que se traduce en incontables abusos cometidos por les mismes que gobiernan y que definen qué es lo correcto y lo incorrecto, lo legal y lo ilegal, lo moralmente aceptable y reprobable...
Ya hemos llegado al punto en que concluimos que la policía es un cuerpo represivo al servicio de los intereses de una élite que da lecciones de moralidad mientras que para mantener y aumentar sus privilegios llevan a cabo continuamente los mismos actos que condenan en sus hipócritas leyes. Bien, pero si la policía no nos protege y los problemas van a seguir surgiendo (tanto problemas serios con una raíz social como problemas más cotidianos, personales y nimios), ¿qué podemos hacer entonces? Creemos que para poder prescindir en la práctica de la policía necesitamos ir más allá del discurso, y antes de nada crear comunidades sólidas y sanas, basadas en principios de solidaridad, apoyo mutuo, confianza y respeto, frente a las lógicas de competencia, explotación, opresión e individualismo que fundamentan la sociedad vigente. Entendiendo que tanto lo personal como lo social son realidades políticas y necesitan tratarse desde lo político. Sólo así podremos empezar a tejer lazos fuertes y resistentes que permitan a su vez superar las relaciones viciadas y abusivas que esta sociedad enferma crea, reproduce y perpetúa. Necesitamos hacernos cargo de nuestras responsabilidades y revisar de dónde vienen todos los problemas que nos azotan diariamente, y entender el papel que la policía y el Estado juegan en la protección y manutención de un status-quo que lleva la injusticia por esencia y por bandera.
A ese objetivo apuntan los textos incluidos en esta publicación, y que fueron recogidos y traducidos del blog del colectivo estadounidense “A World Without Police” (Un Mundo Sin Policía). No obstante, no creemos que las circunstancias a las que hace referencia se limiten geográfica o socialmente al contexto estadounidense. Por el contrario, nos parecen totalmente extrapolables a cualquier sociedad capitalista (y en general a cualquier sociedad autoritaria) del mundo, especialmente a las occidentales. Por eso, al editarlos en castellano pretendemos extender las ideas y propuestas planteadas y acercarnos un poquito más a un mundo donde la libertad no se confunda con la obediencia, donde el miedo no se confunda con la seguridad, y donde de verdad podamos contar con les demás y afirmar que no necesitamos a la policía ni a ninguna otra autoridad.
Esperamos haber contribuido a crear ese mundo y a socavar las bases de éste.

Por un mundo sin policía, sin jaulas y sin autoridad.
Cuidemos de nuestres vecines, de nuestro barrio, de nuestra gente, y creemos comunidades contra la policía, el racismo, el sexismo, la LGTBfobia, y toda forma de autoridad.
Vivan la autodefensa y la acción directa. Muera el delegacionismo y les líderes e intermediaries.

La Rebelión de las Palabras

jueves, enero 5

El poder enfrentado a la cultura


El anarquismo considera que es la sociedad, el conjunto de sus integrantes de modo libre e igualitario, la que deben otorgarse sus normas y hacer prevalecer el derecho; las conquistas sociales no son una concesión del poder, como permanentemente quieren hacernos ver, más bien lo contrario. Es el desarrollo de la propia sociedad, gracias al continuo enriquecimiento cultural, el que debe señalar el camino de la transformación hacia nuevas formas de derecho y libertades.

Es lógico que, históricamente, Iglesia y Estado acabara enfrentándose, ya que ningún poder tolera competencia y está siempre inspirado por el deseo de ser el único. Tal y como lo expresa Rocker, la voluntad de poder sigue sus propias leyes basadas en luchar por la hegemonia, ampliar su campo de dominio, buscar la unificación y someter todo movimiento social a su autoridad. Erich Fromm definía a alguien sicológicamente sano como una persona autónoma y solidaria, sin ningún deseo de dominar o ser dominado. El análisis de Rocker está en esa línea, la voluntad de poder resulta perniciosa, no solo para sus víctimas, también para sus propios representantes, los cuales se convierten igualmente en máquinas inertes. El proceso de envilecimiento de los que ejercen el poder no parece tener límites, ya que la máxima "el fin justifica los medios" conduce a cualquier acción (traición, mentira, intrigas...) para lograr el éxito.

La división de la sociedad en clases es condición necesaria para la existencia del poder, por lo que se produce alguna forma de esclavitud humana. El privilegio necesita de la separación de los seres humanos en castas, estamentos y clases, y la tradición confirmará esa necesidad de manera permanente. Desgraciadamente, tantos movimientos que se enfrentaron en origen a una clase dirigente, no tardaron demasiado en erigir una nueva casta privilegiada que ejecutara los nuevos planes. Desde la Antigüedad, como es el caso de la República de Platón, toda concepción del Estado se basa en la división de clases.Naturalmente, es necesario crear también las condiciones síquicas en el individuo para que aceptara ese rol que la sociedad le tiene asignado, por lo que se crearon toda suerte de engaños relacionados con el destino y la Providencia. Por supuesto, la idea de Estado va unida a la de unidad nacional, por lo que se fomentó la separación con el resto de los pueblos y una supuesta superioridad frente a todo extranjero. Hay que tener en cuenta esta concepción del poder como un órgano creador, que parte de Platón y Aristóteles, y que llega hasta nuestros días; al igual que con la religión, y por muy grandes que fueran estos filósofos en tantos aspectos, su idea del Estado se basa en mistificaciones y hay siempre que recordar que necesita de una oligarquía, así como de súbditos y de esclavos. 

El Estado no es para nada creador, más bien al contrario, se encuentra incluso subordinado a sus súbditos para poder subsistir. La creencia que se ha fomentado es que es el poder el que fomenta el proceso cultural, cuando hay que verlo más bien al revés, como un feroz obstáculo a todo desenvolvimiento cultural. En este sentido, hay que ver poder y cultura como conceptos antagónicos, la fuerza del primero es siempre a costa de la debilidad de la segunda. Hay que reflexionar profundamente sobre esto, con el fin de averiguar si todo lo que se ha pretendido que creamos es, efectivamente, una falsedad e indagar consecuentemente en las verdaderas causas del proceso cultural. No es posible crear una cultura por decreto, ya que está originada y desarrollada de manera espontánea, por las necesidades de los seres humanos y gracias a su cooperación social. Los Estados se sirven, precisamente, de los logros sociales para sus aspiraciones de dominio. Sin embargo, con sus intenciones uniformadoras, consiguen finalmente petrificar el proceso cultural. Se producirá una lucha interna en la sociedad, entre las pretensiones políticas y económicas de dominio de los privilegiados y las manifestaciones culturales del pueblo, dos fuerzas que llevan vías muy diferentes. La unidad solo será posible por la coacción externa y gracias al sometimiento de todo tipo, lo cual supondrá solo una aparente armonía.

Merece la pena reproducir unas palabras del sabio chino Lao-Tsé:

Dirigir la comunidad es, según la experiencia, imposible; la comunidad es colaboración de fuerzas y, como tal, según el pensamiento, no se deja dirigir por la fuerza de un individuo. Ordenarla es sacarla del orden; fortalecerla es perturbarla. Pues la acción del individuo cambia; aquí va adelante, allí cede; aquí muestra calor, allí frío; aquí emplea la fuerza, allí muestra flojedad; aquí actividad, allí sosiego.
Por tanto, el perfecto evita el placer del mando, evita el atractivo del poder, evita el brillo del poder.
No podemos estar más de acuerdo con Rudolf Rocker, cuando afirma que Nietzsche señaló también esa verdad sobre el poder y su antagonismo con la cultura, aunque oscilara a menudo de manera contradictoria entre concepciones autoritarias y pensamientos libertarios. El siguiente texto es de El ocaso de los ídolos:
Nadie puede dar más de lo que tiene: esto se aplica al individuo como se aplica a los pueblos. Si se entrega uno al poder, a la gran política, a la economía, al tráfico mundial, al parlamentarismo, a los intereses militares; si se entrega el tanto de razón, de seriedad, de voluntad, de autosuperación que hay hacia ese lado, falta del otro lado. La cultura y el Estado -no hay que engañarse al respecto- son antagónicos: Estado cultural es sólo una idea moderna. Lo uno vive de lo otro, lo uno prospera a costa de lo otro. Todas las grandes épocas de la cultura son tiempos de decadencia política: lo que es grande en el sentido de la cultura, es apolítico, incluso antipolítico.
Toda forma cultural, si es auténticamente grande y no está obstaculizada por el poder político, lleva en su interior una permanente energía renovadora de su impulso creador, lo que podemos definir como un continuo intento de perfeccionarse. Muy al contrario, el poder es infecundo y destructor al tratar de constreñir mediante la ley todos los fenómenos de la vida social. La cultura es sinónimo de voluntad creadora, el ímpetu que existe en cada hombre de manifestarse y de realizarse, frente a un poder que no tolera más que aquello que le favorece. Es una permanente tensión entre dos tendencias contrapuestas, siendo una representante de la minoritaria clase privilegidada y otra de las exigencias de la comunidad, mediante la cual se constituye una nueva relación entre poder (Estado) y cultura (sociedad). Esa lucha entre dos fuerzas antagónicas tiene como resultado lo que entendemos como Derecho y Constitución, inclinándose hacia un lado o hacia otro según predomine en la sociedad, bien el poder, bien la cultura. Podemos distinguir entre derecho natural, propio de una comunidad de libres e iguales, y derecho positivo, desarrollada ya en una sociedad estructurada como Estado y reflejo del privilegio y la división de clases. Por lo tanto, las leyes pueden tener una doble fuente, los viejos hábitos y costumbres convertidos en fórmula, los derechos de las clases privilegiadas convertidos en carácter legal. Si en los antiguos regímenes despóticos esa dualidad no se mostraba con claridad, sí lo hace en el Estado moderno en el que la comunidad participa, más o menos, en la elaboración del derecho. Desgraciadamente, la lucha por el derecho se ha convertido casi siempre en la lucha por el poder, de tal manera que los revolucionarios de ayer se convierten en los reaccionarios de hoy. El mal no se encuentra en la forma de poder, sino en el poder mismo.

La reforma del derecho ha partido siempre de pueblo, no del Estado, al contrario de lo que el poder suele querer hacer creer, como si las conquistas sociales fueran una concesión de la buena voluntad de los gobernantes. Más bien al contrario, por su naturaleza el poder obstaculizará o tratará de convertir en inútil la aparición de un nuevo derecho. Son los energías culturales que manan de la sociedad la que presionan para que cedan los poderes dominantes. El desarrollo social señala las necesidades que llevan a la transformación, a un nuevo derecho y a nuevas libertades, y la otorgan consistencia, no el hecho de estar legalmente registradas. Parlamentos y Constituciones nada valen sin un pueblo que haga valer sus conquistas y las mantenga vivas.


lunes, enero 2

El problema del trabajo


“Nunca llegamos tan lejos como cuando ya no sabemos hacia dónde vamos.”
Goethe
“Tengo un amor dentro de mí que no te puedes imaginar, y una rabia que no te puedes creer. Si no puedo satisfacer el primero, daré rienda suelta a la segunda.”
Frankenstein
Durante el siglo XIX el trabajo y la cultura se convirtieron en la sustancia vital de la sociedad burguesa. Ningún siglo anterior había propagado semejante cantidad de cultura ni desarrollado, al mismo tiempo, tal energía de trabajo como el que Burckhardt irónicamente llamará «el siglo de la cultura», y al que Marx criticó desde el punto de vista del trabajo. Éste llegó a ser la forma de existencia propia del «obrero asalariado», y la «posesión» de cultura un privilegio de los «intelectuales». Sin embargo, en la división entre el trabajo y la cultura, dirigida a dos clases diferentes, aparece también la conexión esencial de estas últimas, pues la aspiración de los trabajadores era apropiarse de los privilegios de la cultura burguesa, mientras que los hombres pertenecientes a la clase culta no pudieron dejar de llamarse «trabajadores espirituales», con el fin de que el privilegio del que gozaban no apareciese como injusto. En Alemania el desconcierto de los intelectuales burgueses se mostró con máxima claridad después de la guerra, cuando —según el modelo de los consejos obreros rusos— fundaron un «Consejo de los trabajadores del espíritu», que se proponía la tarea de salvar la ruptura existente entre el trabajo proletario y la cultura burguesa. El aplanamiento de tal contraste constituyó uno de los propósitos principales del nacionalsocialismo, que puso en contacto —por medio de campos de trabajadores— a la juventud de estudiantes con el pueblo e impregnó a la masa de obreros asalariados con una «concepción del mundo» política, derivada de la cultura burguesa.
Tanto la diferenciación del trabajo y la cultura —diferencia que culminó en extremos que se condicionaban recíprocamente— como el allanamiento de dicha distinción, establecida a través de una «cultura popular» media, testimonian, desde dos aspectos distintos, que el trabajo en su condición actual ya no educa al hombre en tanto hombre.
La naturalidad con que hoy cada uno —sea comerciante, médico o escritor— designa la actividad que cumple como «trabajo» no existió siempre. Sólo muy gradualmente el trabajo se procuró validez social. Según la concepción cristiana, el trabajo no era originariamente una actividad meritoria, sino la consecuencia del pecado y del castigo correspondiente. El hombre tiene que trabajar con el sudor de su frente, pues es por su culpa que está condenado a ello. Como obligación dura y maldita, el trabajo es esencialmente penuria, fatiga y padecimiento. El hombre bíblico no goza los «frutos» producidos por la «bendición» del trabajo, sino que éste existe porque se apoderó de los frutos del paraíso. Pascal aun sostenía que el trabajo sólo mostraba la vacuidad del trajín del mundo, aparentemente realizado de modo industrioso, ya que por medio de esa dispersión el hombre olvidaba la miseria de su existencia. Sólo con el protestantismo nació la positiva apreciación cristiana del trabajo mundano. Pero la decisiva mundanización de la tradición cristiana, bajo la forma en que se produjo en el siglo XVIII, se produjo en contradicción con la doctrina de la Iglesia (a lo que ésta no respondió como era costumbre con lo que contrariaba su doctrina y las hogueras no se llenaron de burgueses, curiosamente). Mediante esa mundanización, adquirió vigencia la valoración burguesa —desde entonces dominante— del trabajo, que fue considerado como una actividad que llenaba de sentido a la vida humana.
Ahora se goza, consciente y voluntariamente, de los frutos del trabajo cumplido. Se convierte en el camino preferido, capaz de conducir a la satisfacción y al éxito, a la fama, al goce y a la riqueza. El hombre de la época burguesa no sólo tiene que trabajar, sino que quiere hacerlo, pues una vida sin trabajo no le parece digna de ser vivida, por cuanto sería «vana». El trabajo no regía para él como una mera actividad ascética, que aleja los vicios del ocio y de la disolución, obligando a una actividad regulada, sino que en cuanto trabajo que rinde resultados y produce consecuencias, adquiere significación autónoma y constructiva. Es la fuente de toda habilidad, virtud y alegría. En semejante apreciación del trabajo, la valoración cristiana sólo aparece a través del acento puesto en su dureza meritoria, lo que siempre implica la representación de un maleficio, tanto como la liberación causada por el trabajo es un estado cuasi paradisíaco, aunque el ocio continuo produzca en el hombre —destinado a trabajar— un aburrimiento mortal. Ambos significados fundamentales del trabajo, entendido como necesidad y fatiga (molestia) y, al mismo tiempo como obra (opus opera), también están presentes en la historia de la significación del vocablo. Labor quería decir, originaria y primordialmente, el duro trabajo del cultivo de los campos y, por tanto, una labor de sumisión servil. Pero al mismo tiempo el trabajo que pesa sobre el siervo y se cumple por una paga diaria también es efecto de un rendimiento creador, semejante al de las demás obras.
Sin embargo ese doble significado del término no fue decisivo para una caracterización del trabajo. Éste pertenece al ser del hombre, en cuanto es un ser activo en el mundo. La última vez que se lo concibió en ese sentido pleno y originario fue en la filosofía de Hegel. Según él, el trabajo no constituye una actividad económica singular, diferente del ocio o del juego sino el modo fundamental en el que el hombre puede producir su vida y configurar el mundo. La ética protestante del capitalismo y de la fundamentación del trabajo está servida.
El mundo mediterráneo del cristianismo original que concebía el trabajo como castigo (y por ello era por lo que no trabajan los señores, tocados por la virtud de Dios en el orden esclavista, luego feudal, y posteriormente capitalista, sino los siervos) para expiar la culpa y constituía así un modo de sometimiento —la Iglesia y el señor te castigan en representación de Dios por tus faltas, arrepiéntete y trabaja— va sucumbiendo filosóficamente al mundo anglosajón protestante del trabajo como estatus social, difundido por un capitalismo impulsado por la Europa nórdica y evangelista, basado, curiosamente, en formas más arcaicas de sometimiento que son mediterráneas (desde la invención de la agricultura y la conformación de los primeros estados antiguos a las repúblicas italianas en donde se crearon los bancos y el dinero tal y como hoy se conoce). El duro trabajo de los «trabajadores espirituales» fue apropiarse y crear medios de producción para su laboriosa actividad de producir riqueza sobre las espaldas de los embrutecidos trabajadores que eran, y siguen siendo, los que se rompían el espinazo para mantener a todos los demás. Pero el burgués, el comerciante, el industrial es un emprendedor laborioso e incluso un trabajador y al «pobre obrero asalariado» se le concede también su estatus siempre y cuando produzca, consuma y calle y se le obsequia con un salario con el que comprar lo que él mismo produce y con una «cultura popular». Así por ley —filosófica, jurídica, mundana y divina—, todos somos iguales (tenemos cultura y trabajo).
La rueda sigue y se acabó la juventud.
Fragmento de “De Hegel a Nietzsche: la quiebra revolucionaria del pensamiento en el siglo XIX” de Karl Löwith (2008)

viernes, diciembre 30

La Máquina se para


«Nadie confesaba que la Máquina era incontrolable. Año tras año se la servía con más eficacia y menos inteligencia. Cuanto mejor conocía un hombre sus obligaciones respecto a ella, menos comprendía las de su vecino, y no había en todo el planeta un solo cerebro que comprendiera el monstruo en su conjunto. Esas mentes privilegiadas se habían extinguido. Habían dejado instrucciones completas, cierto es, y cada uno de sus sucesores había llegado a dominar un fragmento de esas instrucciones. Pero la Humanidad, en su deseo de comodidades, había excedido sus límites. Había sobreexplotado las riquezas de la naturaleza. Con calma y satisfacción, iba hundiéndose en la decadencia, y el progreso había acabado significando progreso de la Máquina».
Publicada en 1909, desde entonces La Máquina se para ha sido ampliamente considerada en el mundo anglosajón como una de las mejores distopías tecnológicas. El libro no trata sólo de individuos productores de ideas de 140 caracteres, atrincherados en sus hogares y ensimismados ante sus pantallas: es también una reflexión doliente sobre la desaparición de la belleza y de la sensibilidad que la sociedad industrial está eliminando.
E. M. Forster (1879-1970), novelista y escritor inglés, famoso por obras como Una habitación con vistas, Howards End o Pasaje a la India y por las películas homónimas que inspiraron. Sus novelas no son sólo sátiras de esa clase media inglesa en una busca —a menudo infructuosa— de la autenticidad, la belleza y la sencillez humana, valores que da por perdidos en su avanzado país y que espera encontrar en regiones menos desarrolladas del planeta. Muchos de los personajes de sus narraciones más «realistas» se ven asediados por el deseo de apreciar y comunicar la belleza que la sociedad industrial está eliminando. Su obra se basa sobre todo en la aspiración, a veces frustrada, de comprender la complejidad del mundo y de aceptar lo que es diferente, pero sin disolverlo en la relatividad; de ahí el famoso epígrafe de Howards End, «Only connect…».